Riñas de patio

Es terrorífico, y tremendamente execrable lo sucedido en Barcelona el pasado 17 de agosto. No es necesario hacer hincapié en que intentar imponer una ideología (del tipo que sea, política, religiosa, etc.) a través de la violencia es uno de los peores errores que ha cometido el ser humano a lo largo de la historia. Triste es que aún no lo hayamos aprendido.

Pero, el problema es aún mayor cuando observamos las reacciones que se desarrollan después a distintos niveles. Por supuesto rechazo visceralmente lo que sucedió, pero casi con la misma intensidad lo hago también en el uso que se hace del mismo para los distintos intereses y sus consecuencias.

Ante semejante barbaridad, las únicas respuestas que caben son por un lado la respuesta unánime y no violenta hacia ella, y por otro, la suma de esfuerzos para ver cómo podemos ponerle freno y que no vuelva a suceder, pero parece que aquí no. Hay que ir más allá y sacar provecho para los intereses de cada cual, o justificar nuestro rechazo hacia quienes no nacieron en estas tierras.

Por más que se haya hecho a lo largo de los tiempos, no deja de sorprenderme y desagradarme el uso político que se le da a estos hechos. Dado el conflicto nacionalista de los últimos años, parece que los atentados no son más que una ficha más en esta partida de ajedrez. Señoras y señores dirigentes, está claro que ha habido errores en la prevención del terrorismo, y no solo uno. Lo que esperamos ahora es que nos digan cómo van a solucionarlos, no que escenifiquen una riña de patio de colegio en la que se echan las culpas mutuamente, y que lo enmascaren con tintes nacionalistas, me da igual del lado que sean.

También me resultan desdeñables las reacciones de ciertos sectores de las fuerzas de seguridad. Parece que se hayan desviado de su base fundamental (servir y proteger a la ciudadanía, me dieron a entender en su momento), para caer en el sucio juego de la política. Son como la camarilla que rodea y alienta a los contrincantes en esa disputa del colegio que mencionaba. En vez de analizarse los errores cometidos (es evidente que los ha habido en todas las instituciones) con ánimo de evitarlos en próximas ocasiones, caen en las acusaciones públicas de uno a otro bando para ver quién tuvo mayor culpa en que sucediera lo que sucedió. Los errores son de todos, fuerzas políticas y de seguridad de ambos bandos, y no les critico por ello, todas y todos las cometemos, pero asúmanlo ya y empiecen poner soluciones.

Por si todo esto no fuera poco, estamos la ciudadanía de a pie que nos dejamos arrastrar a este sucio juego también. No son pocos los vídeos, “memes”, y opiniones criticando severamente al colectivo musulmán o las políticas sociales que “favorecen” la llegada y arraigamiento del mismo. Respecto al colectivo musulmán, al igual que no todos los católicos practicantes abusan de niñas y niños, no todos los musulmanes llevan el terrorismo en su interior. Se trata de casos aislados y llevados al extremo, y no por ello podemos juzgar a todos los demás. En cuanto a las políticas sociales, investiguen un poco más. No es tan sencillo ni conseguir las ayudas que perciben (están baremadas y requieren una gran cantidad de papeles y justificación), ni regularizarse, paso previo y fundamental para poder conseguirlas (y que requiere todavía mucho más papeleo y gestiones que solicitar las ayudas). Además de que no se hacen exclusivamente para ese colectivo, sino que se hace para todas las personas que puedan necesitarlo, independientemente de que sean de Marruecos, España o Finlandia.

Las víctimas de la violencia son personas, y las personas están por encima de las banderas y las fronteras. Y frente a esto sólo cabe una respuesta unánime, que tanto entidades públicas como ciudadanía sumemos esfuerzos para frenarla. Dejemos otras disputas a la argumentación ideológica, no a las víctimas.

Alex Kata O. B

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